martes, 20 de mayo de 2014

Edimburgo: Viaje al infierno

Recuerdo cuando llegué a Edimburgo, una gélida tarde de diciembre, hace ya más de tres años. Fue un impacto, he de admitirlo, bastante desagradable y totalmente inesperado. No sólo por el espantoso frío septentrional, que caía como un pesado y húmedo manto sobre la ciudad, sino porque pronto comprendí, que también lo hacía sobre sus habitantes, sus existencias, sus mentes y sus corazones. La gente allí estaba hecha de otra pasta, más apagada, mohecína, opaca. De esto último, uno se da cuenta pronto, cuando observa la vida cotidiana con cierta sensibilidad y espíritu crítico. Inevitable la comparación, por otra parte, de un recién llegado venido del lejano desierto de hispanistán. 


Lo primero que vi, fue aquella estúpida Noria y la bandera ondeante del Reino Unido sobre mi cabeza. Casi al instante me empecé a preguntar qué demonios estaba haciendo en aquél rincón del mundo. Sin embargo, lo que jamás olvidaré, fue la música que sonaba en la feria en aquél momento, así como su letra: "She is a monster, beautiful monster, beautiful monster, but I don´t mind". Quizá toda una declaración de intenciones, a juzgar por la gran cantidad de jóvenes sintéticas de escultural porte, frívolas, superficiales y desnaturalizadas, que había por allí, producidas, cómo no, a la sombra y tutela de no se sabe que monstruosidad de la ingeniería social de nuestros días... 


Hoy por hoy, podría casi asegurar que me resulta del todo indiferente una cultura urbanita (la hispana) que otra (la anglosajona, en este caso), dada las estrechas similitudes que parecen compartir, merced a un proceso globalizador  eugenésico, homogenizante y empobrecedor, pero en el año 2010, el juego de contrastes entre ambas era todavía susceptible de realizar un jugoso análisis comparativo. Del país festivo, corrupto, sucio y cálido del sur, pasaba a otro cuasi fantasmagórico, más orweliano, oscuro y congelado, de relaciones impersonales y esquivas, de frías miradas y aberrante soledad. Por lo demás, lo que ví y sentí, fue una incapacidad aberrante para relacionarse, una frivolidad muy preocupante y una elevada dósis de Gran Hermano  que se dejaba sentir a través de miles de cámaras dispuestas por toda la urbe, en cada esquina, en cada cornisa, en cualquier parte, realizando una labor de vigilancia que, dada la escasa conciencia y la abulia zombie de la población, me pareció algo realmente estrafalario y del todo innecesario. De la comida,  mejor ni hablaré, ya que todavía no he sido capaz de recuperarme del susto que supuso el descubrir que existen uvas sin pepitas, siendo el fruto de éstas al parecer transgénicas vides, lo más saludable que me encontré por aquellos lares.


En centros como este se pueden adquirir todo tipo de venenos para la salud, como las famosas uvas sin pepitas.


Como es de suponer, del sopor inicial pronto muté a un terror existencial, al cerciorarme de que Edimburgo no era esa ciudad medieval cercana y con encanto que muchos me habían pintado, y que el poco encanto que pude encontrarle fue durante las madrugadas, cuando todo hijo de vecino se encontraba ebrio en cualquier tugurio (es la ciudad del mundo con más bares por metro cuadrado), mientras yo caminaba sin rumbo por las glaciares y desiertas avenidas de la ciudad, parques, colinas, riachuelos y demás universos ocultos que aguardaban impacientes la llegada de un lobo estepario dispuesto a dejarse seducir por estos raros y poco mundanales placeres.

He de reconocer que durante aquellas noches, y sumido en la más absoluta soledad, fui capaz de desvelar para mis sentidos el auténtico espíritu romántico de la ciudad, hundiéndome en la nieve hasta las rodillas en sus cementerios, trepando el montículo de Calton Hill y pensando en los días felices del almirante Nelson, al tiempo que mis ojos se perdían en el intrincado laberinto de humeantes azoteas de pizarra que constituían ese elevado nivel de la ciudad, cuyo imaginario visual aún correspondía sin lugar a dudas al del Edimburgo del siglo XIX. Otras noches, me aventuraba por callejones olvidados del centro o paseaba cual espectro por los barrios residenciales, con los pies ateridos por el frío, investigando, siempre oculto y silencioso, observando la luna o arrancando las estalactitas de hielo que colgaban petrificadas de los semáforos.


En lugares como este, lograba alcanzar la paz y el sosiego que la vida urbanita de la ciudad me negaba en todo momento. Como siempre, la naturaleza y la observación del conjunto de todas las cosas desde una posición elevada, le otorgan a uno una visión introspectiva de las actividades humanas y una perspectiva diferente de la vida.


Algunos tontos me acusarán de rehuir de una responsabilidad auto-impuesta, de vivir la noche y escapar de la luz del día, de amilanarme y no enfrentar la realidad social y laboral de aquella ciudad, pero lo cierto es que poco importaba que fuese noche o fuese día, cuando rara vez se filtraba algún rayo de sol en las cuatro escasas horas de iluminación grisácea diurna. Puestos a elegir, sin duda prefería la quietud y esa calma congelada de los momentos nocturnos, al desfile de muertos vivientes diario dejándose caer por Princess Street, Lothian Road o cualquier otra de las grisáceas avenidas principales, salpicadas todas ellas de  de una explosión de franquicias de comida basura y firmas de moda estúpida, así como de tiendas de souvenirs para deficientes mentales. En efecto, y hace poco me lo confirmó un escocés: "Edimburgo es una ciudad eminentemente turística y carente de vida o autenticidad, vete a Glasgow". Monumental e interesante, no digo que no lo fuere para el turista, pero pasar en ella más de dos días empieza a rayar el absurdo. Quedarse a vivir en ella, la locura o la estupidez, al menos, en el invierno..


La iglesia-hostel de Belford Road, gestionada por auténtica gentuza, en la que tuve la mala suerte de dar con mis huesos.


Prueba de ello, la encontré en las dos comunas o pandas de españoles con quien tuve el infortunio de encontrarme: los primeros, parasitando una iglesia reconvertida en hostel, liderados por un aborrecible gusano malagueño enganchado a la nieve, un tipejo despreciable y zafio que se divertía en sus correrías nocturnas, las cuales hoscamente protagonizaba, provocando a todo aquél que se cruzase en su camino, en particular si el transeúnte era escocés .

Los segundos, algo más discretos y educados, pero igualmente perdidos y adictos a la quetamina y a un hachís (que al olfato era como el pedo de un polo químico) de forma obscena y autodestructiva. Sus puestos de esclavos laborales no eran mucho mejores:  friegaplatos, cocineros de sushi (este resultó ser el más gilipollas), camareros de Burger King y otros puestos de neo-esclavo por el estilo.

A ambas comunas, les produje un rechazo casi inmediato, de lo cual, y con la perspectiva del tiempo pasado, me siento ahora tremendamente orgulloso. De como me libré de ellos, es otra historia, aunque si reconozco que en los dos casos recurrí al clásico esquinazo. No sé cuanto tiempo llevarían allí o cuanto programaban permanecer, pero daba la sensación de que su estancia no fuese más que la afanosa búsqueda de una lenta autoeugenesia mental, corporal y espiritual. Yo estuve 20 días, y ahora sé que no volveré nunca, ni en verano, por si acaso.


La joya de la corona para muchos. Una arriesgada forma de escapar de la oscuridad invernal en la capital de Escocia.


Por fortuna, aunque no toda la gente que conocí allí resultó ser del todo prescindible, o bien sus vidas, o bien las experiencias que vivimos juntos, fueron, también, grotescas. Fue el caso, por ejemplo, de dos simpáticos iranís con los que iba a tener la oportunidad de disfrutar o padecer de una velada festiva en una de las salas más de moda de toda la ciudad. La cosa se hacía soportable, hasta 10 segundos después, (aproximadamente el tiempo que tarda un humano en convertirse en zombi), de haber penetrado en dicho local. "Mood", creo que se llamaba, lo mismo da. El caso es que por enésima vez volvieron  a saltarme todas las alarmas, cuando todo lo que pude ver en aquél tugurio fue una ingente proporción de Barbies sintéticas y presumidas, y mamarrachos altamente alcoholizados con camisas y polos de firmas de moda deportiva de béisbol y  soccer, apretujados en una tiñosa masa humana.

No quiero pecar de prejuicioso, claro que no, pero cuando toda la actividad de estos energúmenos se limitaba a, en el caso de las féminas, bailar como auténticos demonios lascivos y lujuriosos para despertar los más bajos instintos de los masculinos asistentes a tan cochambroso evento (la música, como era de esperar, una auténtica bazofia electrónica y comercial), y en el caso de dichos tipos, a beber como cosacos para caer derrumbados o terminar sacudiéndose en la calle, daban ganas de salir cagando leches de allí. No bailé, no bebí, solamente observé y escuché, y doy fe absoluta de que fui incapaz de ver a dos personas, fuesen del sexo contrario o no, cruzar una sola frase con sentido. La comunicación brillaba por su ausencia, y todo intento de relacionarse terminaba ahogado en un bufido, un grito, una mueca estúpida y un sinfín de empujones. Estoy prácticamente convencido, de que los primitivos de Atapuerca lo hubieran hecho significativamente mejor.

Así que allí se quedaron los dos pobres diablos del golfo pérsico, anonadados, perplejos, en silencio, rodeados por un circo de idiotas rebozados en cosméticos, alcohol y una nube de mil feromonas tóxicas, sin saber qué hacer o cómo actuar, mientras yo les obsequiaba con una despedida a la francesa. Seguro que todavía hoy seguirían sin poder descifrar cómo ligar o como entablar conversación con alguien en aquél agujero. Quizá, vomitándole en el escote a cualquiera de las princesas plastificadas que por allí se paseaban.




Para finalizar, y de camino al asqueroso hostel, me topé con 5 especímenes de androide biológico, pues aunque parecían mujeres jóvenes, por sus precisos andares, sus gélidas miradas y la escasa ropa que cubría sus esculturales cuerpos a 16 grados centígrados bajo cero, podían facilmente confundirse con la rubia de Terminator 3. He de reconocer, que hasta sentí inquiteud, pues parecían a punto de lanzarme un rayo helado que hubiese cauterizado cada músculo de mi cuerpo, cada átomo. Les miré a los ojos durante unos segundos, pero preferí dejar de hacerlo, dado el desdén y el profundo desinterés que parecía producirles mi presencia.

Recordé entonces las sabias palabras del trampero que traba amistad con Robert Redford en la película Jeremiah Johnson de 1972: "No hay roca más dura en este mundo, que el corazón de una mujer". Y que lo diga, con la salvedad de que estas diabólicas escenas ya no sólo ocurren en Edimburgo, sino en prácticamente todas las ciudades de nuestra cada día más andrógina, virtual, fría e insensibilizada Europa. El amor se ha desvirtuado y triunfa el transhumanismo capitalista más diabólico y de espectro tecnocrático. Una sociedad constituída por monstruos, pero como decía la insufrible canción...a nadie parece importarle un comino.


Algo parecido a estas "máquinas biológicas" fue con lo que me crucé en Rose Street. Cabe señalar que eran cinco tipas, las 3 de la madrugada y no había un alma en la calle. Tengo suerte de estar vivo...


Los cerdos del Instituto Tavistock saben bien lo que hacen con todos estos pseudoartistas que parecen haber surgido de la nada. Lo mismo ocurre con tanta esclava Mk Ultra del Proyecto Monarca de la CIA (Beyoncée, Rihanna, Lady Gaga y otras). Sus videoclips y sus mensajes encriptados luciferinos, hacen verdadera mella en el subconsciente de miles de jóvenes incautos, que a la postre acaban siendo la carne de cañón de estos peligrosos psicópatas, entrando en una espiral de idiotez, cuyas consecuencias a largo plazo para sus vidas desconocen.



sábado, 17 de mayo de 2014

Estupidez Binaria

Ya están aquí las elecciones europeas, a la vuelta de la esquina como quien dice, y con ellas, la recalcitrante y cada día más asquerosa y vergonzante estupidez del pueblo español, más anestesiado y zombi que nunca. Es verdaderamente repugnante aterrizar en la Puerta del Sol, bajando por la sucia y oscura calle Montera, para toparse con dos enormes camisetas de los flamantes finalistas de la Champions, ambos equipos madrileños (aunque en sus filas sólo jueguen mercenarios extranjeros, gladiadores cuasi analfabetos que reciben una obscena soldada por su servicios prestados al poder neoliberal, poder que aniquila la vida y la libertad por todo el planeta) colgadas de la fachada del ayuntamiento. La sempiterna mafia política bicéfala, corrupta e hipócrita, solidamente enraizada en el poder, sabe bien de la importancia de este soma universal, para garantizar la paz social en un país moralmente defenestrado, en el que campan a sus anchas, la injusticia y la pobreza, pero sobretodo, la imbecilidad ciudadana.


Los borregomátrix pueden estar de enhorabuena. No llegan a fin de mes, les desahucian, les roban, les mienten, les esclavizan o les matan en vida con trabajos monótonos mientras pisotean sus derechos más elementales, pero siempre les quedará el fútbol. Mientras escribo estas líneas, oigo salvajes berridos por la ventana: El Atleti ha ganado la liga. Toma ya!


Parece como si todo estuviese, y probablemente lo esté, sólida y eficazmente programado, como la enésima treta de estos sinvergüenzas para hundirnos un poco más en un futuro feudal de control y tiranía capitalista en su máxima expresión. Es tan sumamente imbécil el pueblo español, tan zafio e ignorante, que sus dirigentes, todos ellos buenos compañeros de partido y de rapiña, se atreven ya a anunciar, descaradamente y sin tapujos, como tantas otras veces, una posible coalición en las elecciones del año 2015 entre los dos grandes vómitos que ensucian y envilecen aún más el espectro político de esta mofa asquerosa que tenemos que soportar por democracia, ante la parsimonia generalizada de sus compulsivos vo-tontos, que no votantes.


Y se atreven, claro está, porque son también estúpidos, pues no son más que el reflejo de quienes les votan, un populacho dócil y resignado a tales conspiraciones, ciego, incapaz de ver la manifestación definitiva, la clarividencia consumada, de que son los mismos perros, con distinto collar. 


"El bipartidismo es bueno para España", anuncia este pedazo de estiércol ignorante y retrógrado. Otros como  el gran Felipe Gonzalez, han decidido unirse también a la fiesta de esa más que probable "Gran Coalición PPSOE". Zas, en toda la boca, borrego.


Para mear y no echar gota, pero el caso es que después de meses de tropelías financieras, de defenestración de todo lo público y social, después de meses de mentiras infumables y represión policial como nunca antes se había visto en la historia reciente de este país de pacotilla, estos vampiros todavía gozan de una intención de voto cercana al 30% en cada uno de sus bandos, cuando deberían estar ya, si del populacho que tanto les odia dependiese, no sólo enterrados en el olvido, sino colgados de una soga, linchados, o como poco, encarcelados. Pero ¡Ay señores!, es que cuentan con el beneplácito y la protección que les conceden sus jefes de la Troika y de la obscura y endemoniada élite económica global, y cuentan también con toneladas de frívola, desnaturalizada y somatizadora estupidez en forma de fútbol, drogas, ingeniería social y demás basura considerada ocio por la adormecida, tóxica y execrable plebe.


Y mientras tanto, decenas de miles de jóvenes se reúnen estos días en las vistillas para festejar, beber y olvidar, con motivo de las fiestas de San Isidro. Eso sí, a la hora de manifestarse contra el poder establecido, sólo van 4 gatos entrados en su mayor parte en la senectud de la vida.


Así que, visto lo visto en este trágico y triste circo hispanistaní, me atrevo a vaticinar una nueva victoria del PP, o bien del PSOE, (si gana uno, ganan los dos), en un domingo electoral de resaca post-celebración de que la absurda Copa de Europa "se queda en casa", motivo más que suficiente para garantizar el expolio y la dictadura durante unos cuantos años más. Oigan señores, que es la décima, o la primera, según se mire, pero pase lo que pase, todos encantados, peperos, socialistas, mandriles o colchoneros, todos aglutinados en el mismo despropósito que conforma la realidad social de esta cloaca llamada España. Y no tengo nada más que decir, acerca de toda esta gran montaña de porquería humana. Por mí se pueden ir todos al infierno, aunque ya se encuentren en él, sin saberlo. Como diría el recio y denteroso Charlton Heston en The Omega Man (1971): "Poor miserable bastards"... Pobres miserables bastardos


martes, 22 de abril de 2014

¿Idiocracia o Ciencia ficción?

El otro día, mientras caminaba sin rumbo por el centro de Madrid, me senté un rato en la Puerta del Sol para escuchar la soberbia música ochentera que escupía el radio cassette  antiguo de un grupo de chavales, que habían decidido practicar breakdance bajo la estatua ecuestre de Carlos III. Fue en ese momento, embriagado por la enérgica y fantástica música de aquella década, cuando recordé mi género favorito del séptimo arte, la ciencia ficción, que experimentó su gran momento precisamente durante esos años. Gracias a la música, por lo tanto, no me fue difícil trasladarme a aquellos escenarios futuristas, psicodélicos y apocalípticos del cine, rodeado como estaba por  gran cantidad de plásticos, latas y basura por el suelo de la plaza, indigentes pidiendo en las esquinas o inmigrantes tarjeteros tratando desesperadamente de vender los locales de ocio y música comercial basura de sus jefes para las masas (decir que si estos últimos sobreviven a la crisis, es en parte gracias al punto neurálgico en el que se encuentran, que permite que centenares de turistas jóvenes, criados a la sombra de la cultura anglosajona moderna, paradigma de la incultura y el embrutecimiento, se dejen sus euros y sus neuronas en fútbol en pantallas gigantes, alcohol a raudales y música electrónica).

Si a todo ellos le unimos la desproporcionada presencia policial, decénas de luminosos rótulos comerciales, algunos desvencijados, el clásico y cansino compro oro por todas partes y las casas de apuestas deportivas en cuyos interiores pasa las horas muertas la canallesca calaña del lugar, el resultado de este insano y ridículo cóctel, de esta marranada social, no se diferenciaba demasiado de la deteriorada colonia de Marte en la ficción de la película Desafío Total y su club de alterne El último suspiro, o de la zona céntrica del "Los Ángeles 2018", en Bladerunner.


"Idiocracia", una comedia de ciencia ficción no tan antigua (2006), pero que ilustra a la perfección el mundo hacia el que nos encaminamos, con paso presto.


Además, considerando las circunstancias sociales, ambientales y económicas que vivimos en la actualidad, no puedo por menos que sentir un profundo respeto hacia todos aquellos denominados profetas de la ciencia ficción (Orwell, Philip K.Dick, Huxley), cuyas joyas literarias de mediados del siglo pasado, parecieron haberse adelantado a sus tiempos por su exultante, y por otra parte preocupante, clarividencia. Las visiones o quizá la brillante imaginación de estos autores, fueron adaptadas al cine, al principio con ciertas reticencias, desconfianza o escaso éxito en taquilla, pero a la larga, estas películas se convirtieron, muchas de ellas, en películas de culto (Bladerunner, 1984, The warriors, The Omega Man,etc...) Esto indica, en cualquier caso, el profundo impacto que causaron en la sociedad, aunque dicho impacto haya sido lento, casi por goteo y sólo del interés de un sector minoritario rodeado por una mayoría que aún prefiere vivir en la ignorancia.


Me encantan estos salvajes y dicotómicos contrastes del mundo mierdero en el que vivo: Por un lado, el mantero que saltó la valla en Melilla trás meses o quizás años de desventuras por el continente africano, tratando de ganarse la vida hostigado por los mierdas de municipales. Por el otro, una franquicia de comida basura, englobada en una de esas inmensas corporaciones rapiñeras que emponzoñan el planeta y envenenan la salud de sus pueblos. Terrorífico.


Por eso, cuando leo los mensajes de mi primo acerca de la frívola, drogadicta y sistémica sociedad urbanita de Brighton (Reino Unido), cuando escucho las tranquilas pero profundas observaciones de mi amiga norteamericana Elizabeth, acerca del sopor o desconocimiento y pobreza vital que reinan en el pueblo yankee, o cuando me topo con una vomitiva noticia que asegura que el 61% de las jóvenes brasileñas, canadienses o francesas prefieren las redes sociales y sus smartphones, a tener relaciones íntimas con sus semejantes (http://revoluciontrespuntocero.com/las-mujeres-prefieren-smartphone-que-sexo/), me doy cuenta de que todavía no estamos tan mal aquí o...tal vez sí? Consolarse con las desgracias ajenas no es sinónimo de inteligencia ni de cambio alguno, pues además, la cruda realidad de la globalización homogeneizante nos terminará condenando a todos con igual e imperturbable injusticia. Y nos condenará a un mundo regido por un grupo de desalmados, que mantiene y mantendrá su demoníaca funcionalidad, de la mano de la inoperante y abúlica masa mayoritaria de ignorantes o resignados restantes, que pagan y pagarán los excesos y las conductas inmorales de los primeros. Un mundo de idiotas, de un bando y de otro, que se conducen a sí mismos al cadalso.


Si la juventud fuese capaz de asociarse en un objetivo común como lo hacen las bandas callejeras de esta película, otro gallo nos cantaría a todos. El futuro, hoy en día, no nos pertenece.


¿Juventud, cambio, revolución? Bellas palabras, pero vacuas en fundamento e intencionalidad, cuando la juventud se encuentra anestesiada e insensibilizada, cuando el cambio y la revolución tienen que depender casi forzosamente de una población vieja o envejecida (veo más viejos que jóvenes en asociaciones políticas o manifestaciones) y que cada día siente con mayor intensidad (o miedo) que la lucha, por cuestión de generación o decrepitud consumada, ya no le incumbe, mientras se lamenta del mundo y de su funesta deriva en bares, parques o redes sociales.

Los demás, aquellos que realmente hacen algo sin esperar nada a cambio, los que tratan de concienciar a los demás o se resisten a caer en la mediocridad absoluta de vida que tienen planeada las élites para nosotros, cada vez se sienten más solos e inútiles en la gran ciudad, parque temático de atracción consumista, estupidez colectiva y creciente contaminación. Así que, si alguien quiere conocer mi opinión sobre la juventud actual, a la cual para mi vergüenza aún pertenezco, seré claro: "¿La juventud? La juventud es una auténtica mierda".


jueves, 3 de abril de 2014

Sobre ignorancia, entendimiento de la verdad y responsabilidad adquirida

Tras finalizar la visualización del edificante y vital Seminario sobre Ley Natural, he llegado a la conclusión de que el cisma existente en nuestra sociedad ha cruzado ya un umbral o punto de no retorno, y se acerca peligrosamente a un punto de ruptura que devendrá en el estallido social o el caos resultante al que la mayoría de personas le guardan un temor abyecto. Ese miedo al caos, esa parálisis colectiva, no es más que la manifestación del miedo a la realidad o el miedo a la verdad, un factor determinante que durante todos estos años ha mantenido el sistema actual de Amos-Esclavos en funcionamiento, acelerando y aumentando además esta enfermiza polaridad, al extremo. En otra palabras, las consecuencias derivadas de dicha inacción o toma de auto-responsabilidad por parte de la sociedad, han sido las causantes directas de su propio empeoramiento, que no hará sino agravarse, por más que desde los falsos estamentos de poder se nos trate de convencer de que el estado actual de las cosas responde a una visión del orden establecido por el Estado de Derecho. Esto es completamente falso, ya que lo único que produce es ciertamente lo contrario: caos.




La prueba más flagrante de esta afirmación conforma la realidad cotidiana en forma de guerras, continuas violaciones de los derechos humanos o la simple contemplación de la obscena brecha que separa la opulencia de la miseria absoluta, la prueba viviente de que el mal reina en la tierra campando a sus anchas, sin contar con la perpetua agresión a la naturaleza (Resulta contradictorio pretender que la humanidad respete los principios de la ley natural, cuando se dedica a destruir la escenificación viviente de todos ellos). Esta paradoja autodestructiva, radica en la determinante masa crítica de una población pasiva y anestesiada que decide mirar para otro lado, aún sabiendo la verdad. La decadencia moral de nuestro tiempo, y esto casi nadie lo contempla, va aunada, indefectiblemente, a una perdida de libertad, pues libertad y moralidad son dos principios totalmente proporcionales, que se oponen radicalmente al Estado de Esclavitud Consentida reinante. Y a mayor esclavitud, mayor represión. Esto lo estamos viendo actualmente en muchos países, con estados policiales de facto cada vez más violentos y coercitivos, y una manipulación informativa mayor que nunca, constituyendo ambas circunstancias un ignominioso ultraje a la verdad y a la libertad. 


"La mayor amenaza a nuestra democracia no viene de aquellos que abiertamente se oponen a nosotros, sino de aquellos que lo hacen en silencio junto a nosotros" (Thomas Paine)


La inmensa parte de la sociedad ha delegado la responsabilidad sobre sus vidas en los otros, (la casta cleptómana, en su mayoría, sierva), en un claro ejercicio de Externalización del Poder. La casi totalidad de la población humana todavía se encuentra en un estado de crecimiento psicológico, emocional y espiritual básico, vibrando en una frecuencia de baja conciencia no alineada con la verdad, resultante de una condicionada  y obscena existencia de neo-esclavos sometidos a una compartimentación brutal del tiempo, malos hábitos alimenticios, sedentarismo vital, manipulación de sus instintos, coacción económica permanente y miedo (estos dos últimos conceptos, claros eufemismos de la violencia legal ejercida por el Estado). Esta realidad es la consecuencia final de una anarquía o confusión traumática interna, que se estrella (y esto es lo más triste viviendo en la llamada sociedad de la información) con una negación deliberada de la verdad, o lo que es lo mismo, una ignorancia adquirida, la ya conocida actitud New Age ante la verdad absoluta o demasiado dolorosa: 


"Si algo es desagradable no quiero oírlo, no quiero verlo y ciertamente no quiero hablar a otros sobre ello". 


Es por esto que siempre se ha mantenido que todo cambio de paradigma en la condición humana actual, devendría primero de un cambio individual, que agregado a la conciencia social podría finalmente manifestarse en experiencia compartida en el plano colectivo. Sin embargo, mientras no exista el trabajo introspectivo, el denominado conócete a ti mismo u aprende hacia dentro, no existirá cambio alguno. Como dijo Carl Jung, "Uno no se vuelve iluminado imaginando figuras de luz, sino volviendo consciente su propia oscuridad. Un procedimiento trabajoso y por lo tanto impopular". Es este arduo trabajo de alinear pensamientos, emociones y acciones sin contradicciones, el único camino hacia la sabiduría o el conocimiento superior, la considerada por los mas mesiánicos como la Consciencia Crística.


"Sólo un pueblo virtuoso es capaz de vivir en libertad. A medida que las naciones se hacen corruptas y viciosas, aumenta su necesidad de amos."


Esta consciencia, proveniente del sentido común o inteligencia hermenéutica, tiene pues una responsabilidad adquirida que se manifiesta en la acción de despertar a otros seres o la de desarrollar una serie de habilidades y capacidades desde el amor consciente, que reviertan positivamente en la sociedad, con el fin de mejorarla y hacerla más libre y justa. Esta consciencia, autosoberana y anárquica, choca no obstante de manera frontal con el tiránico poder del Estado, que prefiere generar (y de hecho genera) individuos obedientes, no-realizados y en última instancia, esclavos. El Estado o el Estatismo, o bien cualquier institución financiera, religiosa u económica creada a la sombra del hombre moderno, no cree en el libre albedrío del ser humano, y por lo tanto no cree en la libertad, y si en el control y la limitación de dicho libre albedrío a través de la destrucción de posibilidades y la destrucción de la imaginación en el pensamiento del individuo (control mental). Sin embargo, esto no justifica la no-búsqueda de conocimientos y la no-acción reivindicativa y transformadora de las personas, por tener éstas, muchas veces, la información al alcance de su mano. 


Jesús de Nazaret fue el primer anarquista de la historia. Libró una guerra contra la religión, las finanzas y el gobierno de su tiempo, que acabó conduciéndole a la muerte.


Si nos adentramos en las raíces de esta enfermedad social, nos damos cuenta de que son los traumas, la trinidad o circuito cerrado (abuso,trauma,víctima) que se retroalimenta, el que se encuentra en el origen de este mal, y que además empeora con el tiempo si no se superficializa del subconsciente o se trata de arrojar luz sobre el mismo. Es por ello que estas personas, la gran masa social, prefieren seguir con sus mecánicas existencias antes que abordar el titánico esfuerzo que requiere afrontar sus propios miedos, sus propias limitaciones o traumas, soterrados en el subconsciente, generando una actitud de auto-odio o no amor por uno mismo, con las implicaciones que esto conlleva en sus relaciones sociales. 




Frecuentemente, estas personas desequilibradas con clara disonancia cognitiva, sentimiento de culpa y autosufrimiento inflingido, son las que permiten con su no-acción consciente y su guerra interior subconsciente, que este diabólico y enajenado sistema conduzca a las sociedades a un callejón sin salida, al autoritarismo y a la esclavitud total, pues dedican una mayor parte de su tiempo y energía en obedecer a otros u a aquellos a los que consideren sus amos morales, aquellos en los que decidieron delegar su poder. Esto se aleja, por lo tanto, del principio de soberanía interior y amor por uno mismo, y se aleja de lo que significa ser consciente, ya que todo aquél que respeta la autoridad de otros estaría legitimamente apoyando la esclavitud de unos sobre otros.


"Dado que yo he sufrido, causaré sufrimiento a otros"


Cumplir órdenes y ejercitar la consciencia al mismo tiempo, es imposible. Como dijo el gran investigador David Icke, ¿Cual es el sentido de tener principios, si dejas que otros dicten tu comportamiento? No hay verdad o justificación alguna en ello, y no bastará con decir "cumplía órdenes" o "hacía mi trabajo", pues la acción consumada entraña aún más responsabilidad sobre la persona que la ejecuta, que las ideas o pensamientos en forma de órdenes que jefes o gobernantes inmorales decidieron abdicar en sus súbditos.



 Al final del día juzgarás tu rendimiento y la contribución que has hecho a la creación. No estará basada en lo que otros esperaban de tí o lo que has hecho porque te sentías atrapado, (David Icke)



lunes, 31 de marzo de 2014

Mark Passio: Seminario de Ley Natural

La mejor ponencia que he visto en mi vida y probablemente la información más valiosa que se puede encontrar ahora mismo en la galaxia Internet. El sistema de control actual y sus programas culturales operativos tratan de manipular la verdad o bien consiguen que la sociedad la ignore, ocultando el hecho inmutable de que nuestras vidas se encuentran completamente fusionadas y vinculadas a la existencia de una Ley Natural con 7 principios fundamentales y su octavo principio generador o creador. Este conocimiento es indispensable y definitivo para  alcanzar el entendimiento de la verdad y, mediante la acción, la consecución del desarrollo superior del Ser en la Humanidad, la comprensión de la verdad y la vida en libertad. 9 horas de realidad y medicina espiritual para la Trinidad interior (mente, espíritu, cuerpo) en un meritorio esfuerzo de desocultismo por parte de Mark Passio. Imprescindible para todo aquel despierto que se precie.














domingo, 30 de marzo de 2014

Prensa de la Caverna

"Antisistema contra el Estado de Derecho", dice en letra pequeña encima del titular. Yo le añadiría, de una minoría, porque son los derechos de unos pocos malvados sobre los de una gran mayoría, que sin embargo aún sigue sin reclamarlos, permaneciendo sus existencias sumidas en condición incapacitante de borregomatrix manipulados y esclavos que ignoran la verdad deliberadamente, autoinflingiendo de esta forma dolor a sus vidas de manera enfermiza y regresiva. La Ley represiva de "Seguridad Ciudadana" está al caer y con ella el sistema recoge los frutos de su operación 22-M. Nauseabundo.


ETA, los Grapo??? Esta gente vive en perpetuo estado de enajenación mental. Deben de pensar, quizás, que aún nos encontramos en marzo de 1988. De momento, el sistema que dicen defender, ya le costó la vida a 15 seres humanos en Ceuta, y podía haberse cobrado la de algún policía a los que omitieron socorro cuando así lo solicitaron. La policía reprimirá con saña a partir de ahora cualquier protesta. Si te opones, serás un terrorista, si te sometes a la autoridad, un ciudadano obediente, o lo que es lo mismo, un esclavo. 

Brillante idea del concepto de lo que son la vida y la libertad en régimen democrático. Pura hipocresía y pura manipulación.

No habrá paz para los malvados

De los antidisturbios de las UIP, podía esperarme ya cualquier cosa. Después de haberles visto agrediendo a mujeres desvalidas, a niños, a gente mayor y en general a los más débiles y vulnerables, sólo me faltaba ya contemplar atónito como agreden a la prensa. Ha ocurrido hoy mismo en Atocha, en una lluviosa tarde en la que se protestaba en contra de la monarquía, esa institución anacrónica y pendenciera que de nada nos sirve y que pocos quieren ya, tras la ingente montaña de escándalos y vergüenzas que acumula. Sólo pensar que descienden de Fernando VII, pone los pelos de punta.




Mucho se ha hablado estos días en los medios del poder ( El País, La Razón, ABC, El Mundo, etc..), de la violencia. De la violencia de jóvenes de extrema izquierda o bien radicales cuyo único propósito es el de reventar manifestaciones pacíficas. Sin embargo, los verdaderamente violentos, los que infiltran a gentuza en las manifestaciones, los que manipulan la verdad inventando noticias y tapando los abusos policiales, los que tratan de ocultar lo evidente que resulta esta incómoda realidad de penuria, injusticia y desequilibrio a todos los niveles, siguen siendo los mismos: Gobierno e instituciones, claramente antidemocráticas, por razones obvias que todo el mundo ya conoce o bien debería de conocer. 


Antidisturbios de los Mossos le abren la cabeza a un niño de 13 años y golpean también a una niña que le defiende


De lo que no se habla tanto, sin embargo, es del joven que perdió un testículo a consecuencia de un bolazo. Y del que aún no han dicho nada en esta porquería de medios, es de ese otro pobre que desgraciadamente ha perdido la visión en un ojo, de igual manera, a consecuencia de un disparo. Queda por lo tanto demostrado, como ya se ha podido ver en algunos vídeos del 22-M o en la reciente marcha de estudiantes del día 27, que no sólo golpean a la gente en la cabeza, sino que además disparan a bocajarro cuando les viene en apetencia. A pesar de todo, al parecer, las víctimas de la injusticia son los policías, después de años de agresiones indiscriminadas y claro abuso de poder en miles de manifestaciones. Es el mundo al revés, o quizá el doble pensar orweliano que trata de imponernos la mafia política, para confundirnos y coartar cualquier atisbo de pensamiento crítico, inteligente y veraz.




Ultimamente, parece que ya no puede uno ni manifestarse tranquilo. No te dejan permanecer en una acera, porque disuelven a base de empujones o insultos. Si de resultas de esos empujones, a alguien se le ocurre quejarse o increpar al violento robocop, es detenido de inmediato. Tampoco dejan que los grupos se unan, cortan calles para tales fines, separan, amedrentan, identifican, y por supuesto, golpean. Hoy, además, han molido a palos a dos fotógrafos acreditados, que sólo trataban de hacer su trabajo. Uno de ellos ha quedado tendido en el suelo. "Ya se levantará", ha sido lo único que ha sido capaz de vomitar la ignorante mente del agente de turno, mientras insultaba y amenazaba con su porra a otros periodistas indignados, que sólo trataban de socorrer a su compañero de profesión.

La deriva violenta de las UIP sólo demuestra una vez más, que lo único con lo que cuenta ya el gobierno para permanecer en el poder, es con la violencia. Si, esa que tanto condenan. Y la violencia suele ser, desgraciadamente, contestada con la misma o más violencia. Luego, ¿qué pretenden? Quizá sumir al país en un violento y revolucionario estallido social o bien tienen morriña del pasado y les gustaría que volviesen a reproducirse escenas en la capital que no se viven desde mayo de 1808? Son retrógrados, si, pero.. tanto nos odian?


En este vídeo también podemos contemplar con asco como empujan, tiran al suelo y detienen a dos participantes de la bicicrítica


Tremendo todo, pero así esta el patio. No obstante, mientras esto sucede, cientos de miles de ciudadanos siguen pasando olimpicamente de todo, dormidos, anestesiados, hechos un ovillo en el interior de sus burbujas rellenas de tóxico líquido amniótico. Peor para ellos, les pillará el huracán por sorpresa.


jueves, 27 de marzo de 2014

España, al borde del estallido social

Ayer, miércoles, se vivieron escenas en Ciudad Universitaria que tenían gran similitud con los disturbios que protagonizaron grises y estudiantes, allá por el lejano final de la década de los 60. Pocas diferencias hay, pues los damnificados siguen siendo los mismos, y los agresores, también. El motivo, también sigue siendo el mismo: La ilustre casta degenerada que tenemos al frente del país y las dictatoriales instituciones que mandan sobre ella, saben que sólo pueden gobernar a unos súbditos iletrados y desinformados, y para ello, es primordial liquidar la educación y la cultura, o bien, hacerlas prácticamente inaccesibles para las masas. Sin cultura, el ciudadano se encuentra desnudo, sin armas que le permitan defenderse de las agresiones y la barbarie, a duras penas soterrada en occidente, que caracteriza al sistema neoliberal depredador actual. 


CIU, 1969

CIU, 2014

Los violentos del régimen, bajo el beneplácito del ilustre rector Carrillo, desalojaron y detuvieron a 53 jóvenes que permanecían encerrados en señal de protesta.


Sin educación, no existe espíritu crítico ni filtro informativo alguno, y por lo tanto, no hay o no puede despertarse la consciencia. Y sin consciencia, la gente termina siendo presa de sus instintos más básicos y elementales (recordad que quieren ganado obediente, no seres humanos) y víctima del abuso y la manipulación cotidiana, para terminar convertida en una nueva subclase de neo-esclavos resignados, que se entregan derrotados a los brazos del consumismo y de la sin razón, atrapados en un programa vital que cercena la libertad y el crecimiento personal y que cae por una espiral de egocéntrico auto-engaño, soledad y ausencia completa de empatía o solidaridad por los terribles problemas que afectan hoy a la inmensa mayoría de colectivos humanos. 

Esto, las élites, lo saben bien, y por eso tratan con todas sus fuerzas de mantener a su granja humana en un letárgico estado de desconexión de la realidad, insensibilizada y esclava, adicta a un sinfín de absurdas necesidades creadas, que son las que en última instancia, sostienen aún los pilares del capitalismo regresivo actual.


Bonita estampa primaveral, que recuerda a las mejores épocas universitarias de este infame país


Sin embargo, la casta política y empresarial española, brilla por su estupidez, y parecen estar conduciendo deliberadamente al país a un estallido social sin precedentes. Esta gentuza, corta de miras, dogmática y retrógrada, quizá nos esté haciendo un favor al aumentar la represión exponencialmente, a medida que la gente va despertando y reaccionando ante el atropello de derechos y la mofa diaria con la cual nos obsequian. Hace cuatro días, ni se inmutaron al reventar a la fuerza una manifestación masiva y pacífica, con la excusa de centrar toda la atención de sus secuaces y acólitos medios informativos en la violencia desmedida de un pueblo quemado y sin miedo, contra un grupo de policías abandonados a su suerte en medio de la refriega. Esto nos demuestra a las claras, que están dispuestos a todo para permanecer en el poder, incluido el sacrificar vidas humanas para conseguir sus turbios propósitos. Lo que sea. Su hipocresía y cinismo, al igual que su oscuridad y baja condición humana, no parecen tener límites. Mienten a diario, se inventan noticias falsas, y por supuesto, criminalizan todo aquello que vaya en contra de sus podridos intereses. Es la violencia institucionalizada, la violencia legal del estado, mucho más temible y destructiva que la ejercida por un pueblo que sólo trata de defender sus derechos más básicos.


El odio visceral que se está granjeando la policía para con el pueblo es cada vez mayor, quizá mayor que el que se le tiene a los responsables del desaguisado actual. El motivo es claro: defienden al corrupto y al poderoso, y reprimen al honrado y al débil. No debería de llamárseles policías, sino Guardia Pretoriana Estatal.


Más peligrosa que esta mafia local, es la que anida en la Troika y en los Think Tanks del poder global, por supuesto, pero enfocar la ira y el odio frutos de la injusticia en determinadas cotas del poder, aún es solamente ciencia ficción, dada la escasa masa crítica que conforman aquellos despiertos en suficiencia como para superar ya ampliamente el discurso sobre el bipartidismo y la tiranía de los mercados y el capital. Quizá dentro de 10 años, cuando los expoliados y aguerridos pueblos del sur tengan que enfrentarse a un ejército de antidisturbios europeos al más puro estilo Robocop, la dictadura camuflada que aún pretenden disimular, sea ya una dictadura a cara de perro. Prefiero esta opción, pues aunque más peligrosa lo es también menos cínica e hipócrita, y al menos no habrá lugar para la duda entre tanto despreciable zombi pro-sistema actual, sin la más mínima conciencia de clase.

Como sostiene un amigo mío, para cuando esto ocurra, ya se habrá cerrado el círculo, y la libertad, en el más puro sentido de la palabra, estará gravemente amenazada. Para entonces, la paz social se habrá impuesto mediante la violencia y la política del miedo, y el mundo se habrá convertido en un nuevo planeta feudal y apocalíptico.



Tras una multitudinaria asamblea, alrededor de las 18:30 horas,  la policía bloqueó el acceso de la Avenida Séneca para cortar el tránsito de 1000 estudiantes, que decidieron no entrar al trapo de los violentos, optando a resistir en formación por si había cargas. Una estudiante escuchó a uno de los mandos de los antidisturbios decir a sus compañeros: "Estad dispuestos a reventar y abrir cabezas"

                               


Pues bien, en el seno de esta calma tensa que precede a la tempestad, 101 heridos en la última manifestación, una huelga estudiantil en marcha y la primavera y sus calores, que la sangre alteran, a la vuelta de la esquina, parece que a la inútil de la alcaldesa, Ana Botella, sólo se le ocurre solicitarle a su brazo armado en la región, la delegada señora Cifuentes, que prohíba las manifestaciones en la almendra central o zona histórica de la capital. Esta insensatez, además de insensatez, es un insulto y una flagrante muestra de desprecio hacía los ciudadanos, pues esta señora, en sus enfermizas y altivas elucubraciones mentales, desacredita de esta forma la legitimidad de las protestas y el contenido de las mismas.

En su fascismo de salón, la señora alcaldesa o más bien tirana no elegida democraticamente por ningún ciudadano, considera un fastidio que la imagen de Madrid y su denterosa Marca España, se vean afectadas, y si de ella dependiese el asunto, no dudaría en encerrar a los manifestantes en guetos o campos de concentración. Debe pretender esta señora, que estos perroflautas y piojosos rojos, se manifiesten sin hacer ruido y en un descampado, para que de este modo la gente fetén y de orden pueda seguir de compras, tomándose sus relaxing cup  de café con leche en sus tradicionales pastelerías Viena Capellanes, Lhardy o Mallorca, después de haber degustado unos canapés de foie de oca y jamón de jabugo, sin tener así que soportar el vociferio de las hordas de antisistema, que tarde o temprano, pedirán la cabeza de estos elementos. 




Las manifestaciones, señora Botella, seguirán y aumentarán, al ritmo que lo haga su estupidez, y con ella la presión y la indignación del pueblo llano, ese al que usted tanto desprecia. Porque las manifestaciones, señora Botella, sirven para eso, para manifestar a los cuatro vientos y a grito pelado el descontento, para sacar a la luz toda la basura y las vergüenzas que usted y los de su calaña pretenden tapar, esconder o eliminar. Y por eso deben de ser y seguirán siendo en el centro neurálgico de la capital, para que todos, absolutamente todos, puedan ver el resultado de la opresión, la injusticia y la canallada diaria en contra de la ciudadanía

España es ya la vergüenza de medio mundo, y su imagen se encuentra visiblemente deteriorada, convertida ahora, además, en una suerte de ciudad-estado policial, en la que reina una atmósfera de odio e indignación, mezclada con miedo, tensión y sobretodo, mucha estupidez. Como la estupidez, con la que está cayendo, de gastarse 1 millón de euros en cambiar de nombre el aeropuerto de Madrid Barajas, por el de Aeropuerto Adolfo Suárez, en un claro guiño de la mafia local a uno de los primeros padrinos de nuestra reluciente e intachable democracia del 1%... Nada bueno, señora Botella. Madrid está sentenciada, y la culpa no la tienen las manifestaciones, la culpa la tienen las políticas antisociales acometidas por su persona y los de su especie.


domingo, 23 de marzo de 2014

Las marchas de la indignidad

Las masivas Marchas De La Dignidad celebradas ayer en la capital, terminaron de nuevo con graves altercados entre manifestantes y las fuerzas antidisturbios de las UIP. La enorme afluencia de gente que subía ininterrumpidamente desde Atocha y el colapso humano que fue generándose progresivamente en la Plaza de Colón,  hacían prever un fatal desenlace, que incluso tuvo lugar antes de que concluyese el acto. Las recomendaciones que podían oírse desde los altavoces de los organizadores, pidiéndole a la gente que se desplazase hacía la calle de Génova para hacerle sitio a los que iban llegando, empeoró aún más las cosas, toda vez que en dicha calle Génova, la Delegación de Gobierno tenía montado el dispositivo policial habitual, blindando la sucia y corrupta sede de los "Populares". Finalmente, la presencia de los ya también habituales policías infiltrados, terminó por ser la chispa que encendió la mecha de la violencia en el seno de una manifestación que, hasta el momento, había transcurrido con el total de los pacifismos. 


Dos policías infiltrados ayudan a un compañero a inmovilizar y detener a un manifestante, anoche.


Dos petardazos, seguramente obra de un par de encapuchados con placa, sumados al hartazgo y la indignación ciudadana, hicieron el resto. Aún faltaba una hora para que de forma oficial, terminase un acto legal y permitido, a priori, por la señora Cifuentes, cuando los antidisturbios comenzaron a desplegar sus unidades hacia la plaza, disparando sus pelotas de goma, al tiempo que se atrincheraban posicionados en pequeños grupúsculos a la altura del Museo de Cera y las oficinas de Barclays. El procedimiento habitual, por otra parte, de estos protectores de la satrapía política y financiera que nos esclaviza, para protegerse de la enfurecida plebe que de nuevo anoche respondió con valentía, arrojando piedras, botellas y cualquier objeto contundente que hallaron en las inmediaciones. Mientras esto sucedía, desde megafonía le recordaban a los cuerpos de inseguridad del estado hispanistaní, que estaban interfiriendo gravemente en el desarrollo de una manifestación todavía autorizada, y que había niños y familias por todas partes. Caso omiso hicieron, naturalmente, pues la encarnizada lucha entre facciones era ya imparable y la tensión subía por segundos.


El hecho de que las cargas fuesen justo antes de los telediarios de la noche, resulta más que sospechoso. Al gobierno le interesaba que se produjesen actos violentos, para así centrar toda la atención en dicha violencia, justificando la actuación policial, y ocultando o ninguneando el desarrollo y la importancia de una de las manifestaciones más masivas e importantes de la historia de la mal llamada "democracia" de este vergonzoso país. Manipulación a raudales, como siempre.


Sin embargo, la guardia pretoriana del régimen se topó anoche con una respuesta y una determinación defensiva que quizá no esperaba. Por primera vez en mucho tiempo, pudimos ver como estos sicarios azules retrocedían impotentes ante la ira acumulada de centenares de jóvenes, hastiados y sin futuro, que no estaban dispuestos a dar cuartel tan facilmente. Agentes tirados en el suelo, visiblemente heridos, furgonetas de la policía municipal dando marcha atrás mientras recibían una lluvia de pedradas y palazos y el uso de gases lacrimógenos para disolver a la muchedumbre, fueron las novedades de una nueva noche de violencia que se saldó con 24 detenciones y un centenar de heridos, la mayoría policías de la UIP. Después de años de abusos contra menores, ancianos, mujeres desvalidas y todo tipo de canalladas perpetradas por estos señores, parece que anoche les sirvieron la venganza en bandeja de plata. Al parecer, las dificultades que encontraron fueron causadas por una mala gestión de los mandos, que rehusaron apoyar a compañeros sumidos en una situación de riesgo. http://www.eldiario.es/sociedad/antidisturbios-manifiestan-mala-gestion_0_241826191.html. En mi opinión, podría tratarse de una estrategia del gobierno, una orden de esas que vienen de los iluminados de arriba, de sacrificar  a un puñado de policías mártires para después poder justificar la nueva Ley de Seguridad.


Minuto 6:01: "Le recordamos a la policía que está interfiriendo un acto totalmente legalizado, el acto no ha concluído...hagan ustedes el favor de no entrar en la plaza...aquí hay personas mayores, hay niños...


La nota positiva de los acontecimientos, fue la masiva participación ciudadana, la perdida de miedo de una sociedad cada día más concienciada y oprimida y, como no, la vergonzosa actuación policial, con la ya consabida labor y su juego sucio de infiltrados, cada vez más identificados por la gente. La nota negativa, la escalada de violencia y los altercados, que darán rienda suelta a la lacra pepera para, como decía en el párrafo anterior, finalmente justificar y aprobar, de cara a la todavía masiva y aborregada opinión pública, la nueva Ley de Seguridad Ciudadana. Ley que a su vez retroalimentará la indignación del pueblo y la violencia de los antisistema, cada día más numerosos.


La muerte del franquista Suárez este domingo, uno de los principales artífices de la "transacción" o de la mierda de "democracia" que tenemos hoy en día, le ha venido de perlas al aparato mediático del régimen, para de este modo ocultar, eclipsar o restarle importancia a las marchas ciudadanas de este fin de semana. 


En cualquier caso, la miseria, la injusticia, la desilusión, la ausencia de metas y de un futuro digno y el "nada que perder", seguirán subiendo como la espuma. Esto ya no hay quien lo pare, hagan lo que hagan  y digan lo que digan, porque sólo ellos y unos pocos sabemos que nos conducen al caos consciente, diabólica y deliberadamente. 


lunes, 17 de marzo de 2014

Vandalismo en la Pedriza

Las vergonzosas fotografías que expongo a continuación, tomadas hoy mismo día lunes 17 de marzo de 2014, vienen a reafirmar, por enésima vez, que vivimos en un país miserable, o mejor dicho, en un país de mierda, con mayúsculas. Un país de analfabetos amorales e insensibles energúmenos parcos de mente y carentes de espíritu. Hace tiempo que vengo observando con el mayor estupor y la mayor indignación, como múltiples canchos graníticos del santuario natural de "La Pedriza" (Madrid), vienen siendo objeto de estúpidos garabatos o graffiti, ensuciando grave y tristemente un paraje sencillamente excepcional, y un lugar, que al parecer, no debería de ser apto para todos los públicos. Quizá, pienso yo, debería de ser apto (además de necesario), para seres humanos, y permanecer vedado y rigurosamente prohíbido a infames e incapaces orcos. Lamentablemente, en los últimos tiempos La Pedriza se ha dado excesivamente a conocer, y este ha sido el trágico resultado: Una afrenta al medio natural y una ofensa para todos aquellos que aún respetamos la naturaleza.


Esto es lo que sucede cuando los excrementos humanos salen de sus nichos urbanos, que dejan restos de su mierda por todas partes. Unos metros más adelante, una inmensa roca soportaba otro graffiti igualmente inmenso y multicolor, que por fortuna alguien parece haber borrado parcialmente, no sin dejar una espantosa mancha blanquecina.


Todo aquél veterano que conozca y ame el Parque Natural de la Cuenca Alta del Manzanares, sabe o debería de saber, que acudir a perderse o dejarse arropar por sus encantos en fines de semana, festivos o en los meses estivales, comienza a ser cada vez más, un lamentable error, sino un suicidio para los sentidos. Desde hace aproximadamente una década (el tiempo aproximado en el que el incómodo proceso de la globalización ha tomado forma), el lugar viene siendo invadido por centenares de personas, y el número de visitante no cesa de crecer. 


Graffitis en La Pedriza


Nada de esto debería de producirnos reacciones más allá de un ligera incomodidad, por el mero hecho de ver a tanta gente, cuando la mayoría acude, con todo derecho, en busca de un remanso de paz, sol, pozas de agua cristalina y tranquilidad. El problema es que un número creciente de insensatos perturban la armonía de las zonas de El Tranco o La Charca Verde (los peores especímenes por fortuna no se alejan demasiado del parking), pegando gritos u alaridos, poniendo música a todo volumen, y, como no, desperdigando generosamente mierda por todo el cauce del río, en forma de colillas, botellas, bolsas u otros enseres plásticos, sin inmutarse un ápice. Mierda que, obviamente, ni se molestan en recoger cuando deciden dar con sus culos fuera del parque.


Están por todas partes. Los tres primeros, parecen obra del mismo paleto.


Algunos, los pocos, nos dedicamos a recoger, armados de una infinita y bendita paciencia, las miasmas dejadas por terceros, borrando los vestigios que estos zánganos abyectos dejan a su paso. No sólo les aguantamos (durante el tránsito o huidizo recorrido que nos conduce a zonas más elevadas e inhóspitas, naturalmente), además limpiamos a posteriori, garantizando que nuestra amada Pedriza recupere, en mayor o menor medida, su integridad. Sin embargo, para lo que no estamos ni estaremos preparados, es para las asquerosas pintadas. Esta vez, han cruzado una delicada línea roja, que algunos, como un servidor, no estamos ya dispuestos a consentir. 


Hay Graffiti para todos los gustos y en distinto colorido...


De este modo, sirva esta entrada para poner en sobre aviso a todos aquellos pedazos de basura humana que se divierten pintarrajeando las rocas sagradas y milenarias de la Pedriza, de que si algún día pillo a alguno, le rompo la crisma contra una de esas rocas, de menor tamaño, que tanto les divierte ensuciar.

Si quieren dar rienda suelta a su condición de puercos zombies, que lo hagan en los barrios o barriadas urbanas de las que proceden y de las que nunca deberían de haber salido, pero que dejen este sitio inalterado y en paz. Díficil, por otra parte, hacerles ver a estos mierdas, que la naturaleza es pura, perfecta y equilibrada, y lo último que necesita son los vómitos o la diarrea mental de los subnormales que, en ocasiones, y por desgracia, se dejan caer por aquellos lares. El resto, ya sabéis a lo que os atenéis: A seguir subiendo y subiendo, cada vez más arriba, para perder de vista a la morralla humana. Subid lejos, muy lejos, allí donde ésta sea incapaz de llegar, tanto por desconocimiento como por desalmada e incapacitante condición de auténtica carne de cañón zombi. Y si por algún casual terminan subiendo más arriba, no sería de extrañar que la madre naturaleza les castigara de alguna u otra forma, quizá una buena caída, despeñe, picadura de tábano gigante o abeja en el cipote, bastaría para que hiciese justicia amparada en su inmensa sabiduría.


Al "Julen" y a la "Julia" lo menos que uno puede desearles es un doloroso escarmiento. Por mamarrachos.


sábado, 15 de marzo de 2014

Zombies

Salgo a la calle y sólo veo zombies. Están por todas partes. Les veo en las carreteras o avenidas, encerrados en sus contaminantes vehículos, haciendo colas en infames autopistas cada mañana, o después, al finalizar sus jornadas de asalariada esclavitud consentida, en las gasolineras. Les contemplo entristecido bajo tierra, en el metro, enfrascados en las pantallas de sus máquinas, ajenos al resto de sus congéneres. Les descubro a mediodía o a cualquier hora, en las puertas de los edificios de oficinas o lugares de trabajo, fumando compulsivamente sus dósis de nicotina alquitranada, o en los supermercados, adquiriendo con automatismo infinidad de productos de consumo tóxicos y nocivos para la salud. También les veo entrando y saliendo de las farmacias, cronificando todavía más sus autoprovocadas dolencias. Los hay a puñados en bares y cafés, envenenándose de cafeína y alcohol, a todas horas, mientras los más sanotes prefieren hacer footing por el centro de la ciudad, llenando de partículas contaminantes sus alvéolos pulmonares. Otros pierden su tiempo y su escaso dinero en centros comerciales o en las relativamente recientes casas de apuestas, alimentando aún más la filosofía del sistema que les ha visto nacer, para más tarde congregarse en los estadios de fútbol (antes sólo los domingos, ahora cualquier día de la semana) en plena y embrutecedora ritual histeria colectiva, liberando enferma y contenida adrenalina.



George A. Romero no eligió por azar un centro comercial para centrar el desarrollo de su película de zombies en 1978. Se trata de una feroz crítica de la sociedad de consumo de su tiempo. Los zombies se dirigen en masa hacía el centro comercial, "quizá guiados por una especie de instinto rutinario de su vida anterior".



No importa el sitio ni la hora, brille el sol o luzca la luna, están siempre ahí, y cada día me enferma más observarles en su absurda cotidianidad. Lo cierto es que resulta ya casi  imposible encontrar un ápice de originalidad en la masa de muertos vivientes que mora en las ciudades, por el mero hecho de que las ciudades de hoy en día se han convertido en hervideros de todo ellos. Son una nueva subespecie, de tipo regresivo, toda vez que ninguna vez el ser humano alcanzó un estado superior al más básico e inicial que caracteriza a nuestra infame raza. Una raza que parece destinada a formar parte de una inmensa granja humana, bajo la anestesia de un sistema envilecido hasta insospechadas cotas de estupidez de quienes lo sustentan, y maldad y despropósito por parte de quienes lo dirigen, controlando los instintos más básicos de los primeros mediante un diabólico cóctel masivo de consumismo, sexo, drogas y devoción por el dios del dinero.






Les observo, pero también les escucho, hablando de dinero, facturas, problemas laborales y frustradas relaciones sentimentales, y me doy cuenta de que en su profunda abulia mental, cualquier atisbo de cambio en esta sociedad sería sólo el fruto de una insensata, ilusa e imaginativa mente del más errante y romántico de los soñadores o más bien del improbable resultado de un milagro universal. Lo tengo claro, y sé que en caso de que vengan mal dadas (apocalipsis nuclear, guerra, pandemia, escasez o desabastecimiento de comida en grandes superficies) serían capaces de matar a sus semejantes con sus propias manos o de comerse los unos a los otros. Todo está perdido, y como digo, quien crea lo contrario, sueña. Y soñar es bello, aunque quizá pronto la vida sea sólo eso, un sueño, porque la realidad hace tiempo que tornó, para los pocos que aún piensan y sienten, en pesadilla.






Resulta además, paradójico, que en plena era de la llamada "sociedad de la información", la inmensa mayoría viva o sobreviva, en un estado de obscena desinformación. Pero si hay algo todavía más curioso, es constatar que en la última década la temática zombi en el mundo del cine haya sido testigo de una verdadera "edad dorada". La fiebre que empezó con la brillante 28 días después de Danny Boyle en 2002, fue seguida por el remake en 2004 de la genial Dawn of the dead, de George A. Romero, y continuada por cintas como Zombieland, la reciente Guerra Mundial Z o la serie que actualmente causa furor en todo occidente, The Walking Dead. Quizá no sea sólo fruto de la casualidad, más bien diría que este renacer del género es sólo el vivo reflejo de una sociedad, que al igual que el sistema en el cual se enmarca, es ya sólo un pedazo de carne podrida incapaz de reacción o cambio alguno.