viernes, 17 de febrero de 2012

India: Nueva Delhi

Hace más de 48 horas que me encuentro en Nueva Delhi. He de reconocer que como algunas personas me habían advertido, causa un impacto bastante profundo la toma de contacto inicial, de la cual se tarda mas de un día, en mi caso, en recuperarse. Delhi es un caos, un universo de matices, de colores, de miseria, un mundo aparte. Llaman la atención los poderosos y penetrantes olores que aquí se respiran, y en ocasiones, las mas, se padecen. Es algo así como una mezcla de orina fermentada mezclada con carbón. La ciudad entera es un mercado ambulante, en la que se agolpa una muchedumbre de multitud de etnias y castas, que todo lo venden y todo lo compran, a todas horas, sin descanso, envueltos en un frenesí casi enfermizo. Es como un mercado medieval, pero en pleno siglo XXI. El bullicio de las mercaderías y su actividad, se acompaña constantemente por el frenesí de interminables pitidos de claxon provenientes de motocicletas, rickshaws y demás vehículos, aunque también se ven campesinos arrastrando pesados bultos en carros, ayudados a veces por bueyes y caballos. Todo ello, bajo una maraña infernal de cableado, que como es lógico, no se encuentra soterrado. No es de extrañar, en una ciudad del tercer mundo.



La pobreza que he podido comprobar es extrema, insultante, arrolladora, pero incluso a pesar de esta cruda realidad, reinan la paz y la armonía, el equilibrio y el respeto. No existe la envidia, apenas he observado agresividad o indicios de violencia en las personas, y eso es algo realmente sobrecogedor, algo que le llena a uno de humildad y de amor, cuando procede de un mundo occidental repleto de frialdad, codicia y competitividad. Aquí no, aquí cada uno juega su papel, sin perturbar a sus congéneres. Cada cual, es consciente de su cometido. La calle es un hervidero de circunstancias y situaciones curiosas que jamas pueden dejarte indiferente: Tan pronto ves a un hombre soltando a dos ratas en plena calle, como a un anciano calentándose al fuego de una hoguera improvisada a escasos metros del Fuerte Rojo, niños cubiertos de mugre y suciedad extrema, sentados sobre una isleta de porquería y riendo alegremente, o mujeres cosiendo sus ropajes, distraidas y ajenas a todo, en medio de una plaza envuelta en una estresante marea de trafico. Cualquier cosa es posible, en este universo de vida que es Delhi.




La fauna local se compone de infinidad de palomas y cuervos, que dan buena cuenta de todos los desperdicios y la basura desperdigada por doquier, sin olvidar un ejercito de perros, que parecen haber sido todos paridos por la misma madre, y que se encuentran generalmente dormidos y atontados en cualquier parte de la ciudad, no se sabe si por causa de la rabia, pero despellejados, enfermos y cubiertos de costras. Por ultimo, los monos, en parques y grandes avenidas. He visto algunos, pero es mejor no acercarse demasiado, pues son extremadamente violentos, y una mordedura de estos bichos puede ser fatal.




Para un forastero, es posible sobrevivir aquí con 400 rupias diarias, unos 6,5 euros, contando con alojamiento, agua y comida, esta ultima exquisita. Un coco pelado en pleno Main Bazar, cuesta alrededor de 20 rupias, unos 30 céntimos de euro, y un manojo de unos 15 plátanos, alrededor de 1 euro. Los oriundos, claro esta, sobreviven con una cuarta parte. Cualquier blanco es objeto de miradas y curiosidad, y proclive de ser igualmente expoliado y timado, si no se anda con cuidado. Respeto y generación, si, pero la rupia manda, y harán lo que puedan para dejarte seco.



Por lo demás, hay muy pocos europeos u occidentales aquí. En dos días, apenas habré visto unas 40 personas, visiblemente curtidas, todo hay que decirlo, de las cuales dialogue con 5. Eso si, trabando amistad con las 5. Ayer pase el día con un alemán, Tassol. Juntos descubrimos las callejuelas mas inverosímiles, pasadizos comerciales, parques y templos. Cogimos el metro, casi igual de bullicioso que el de Tokio, imprescindible en una ciudad de 13 millones como esta, y 10 mas en el extrarradio. Gracias a el, pudimos aventurarnos mas allá del rió Yamuna, donde se extienden plantaciones y grandes extensiones cultivadas, salpicadas por poblados chabolistas. Hoy, en compañía de dos amigas argentinas, partimos hacia Mandi, en los Himalayas. 14 horas de autobus nos esperan, montanas y valles sagrados, que a buen seguro nos descontaminarán los pulmones de toda la polución que hay en esta capital, casi 20 veces superior a la de Madrid. Habré de regresar a Delhi, pero el tiempo justo para hacer escala antes de dirigirme hacia el sur. Saludos.



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2 comentarios:

  1. Arriba canido! Espero estar en Julio por unos lares parecidos.

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  2. que pasa amigo! estoy en rewalsar, al sur de los himalayas.hemos llegado hace 4 horas. este lugar es sagrado, apenas 1500 habitantes, esta lleno de buena gente.voya subirme ahora a la montana a ver si porfin veo la cordillera. olvide el cable de datos de la camara, asi que solo puedo subir las fotos q hice con el movil, y son bastante peores. ya te ire contando tio

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